Sin duda una de las construcciones más emblemáticas de la ciudad es el faro de Cabo Mayor ya sea por su emplazamiento al noreste de la ciudad y rodeado de acantilados de hasta 50 metros por encima del nivel del mar,  o por sus vistas panorámicas del Cantábrico y la bahía de Santander. Este es un lugar que no se puede dejar de visitar.

La construcción de esta arquitectura civil se realizó entre 1833 y 1839. Se encendió por primera vez la noche del 15 de agosto de 1839. En atalayón un lugar conocido desde donde se realizaban las señales a los barcos.

Está construido en piedra de sillería. La cúpula del faro se encuentra a 91 metros sobre el nivel del mar y a 30 metros sobre el terreno que está destinado en su mayor parte a zona verde. La óptica estaba formada por 8 lentes, con 100 espejos superiores y 60 inferiores, y un mechero de aceite con 3 mechas concéntricas. En la actualidad, la óptica catadióptrica consta de lámparas incandescentes, con una característica de grupos de 2 destellos de luz blanca y un alcance de 25 millas.

Está formado por una construcción cilíndrica o torre sobre un habitáculo de forma octogonal donde vivían los fareros, este espacio se fue reduciendo a medida que fueron incorporando mejoras técnicas para el funcionamiento del faro y por ese motivo se tuvieron que construir edificaciones y ampliar así el espacio para el alojamiento de los fareros. La edificación de 230 metros cuadraros estuvo habitada desde 1935 hasta 2005. En la actualidad estos espacios se han comunicado entre sí y es la sala de exposición Centro de Arte Cabo Mayor inaugurada en agosto del 2006. En la planta baja se ubica la sala principal del centro y en el bajo cubierta un centro de documentación y un aula didáctica.

02 - Cabo Mayor Santander 190413

El faro y sus alrededores han sufrido otras modificaciones según el uso que se ha dado del mismo. Ha sido señal marítima, enclave defensivo, hipódromo, camping, parque público, campo de golf, hito turístico, etc.

Por un capricho de la naturaleza el 23 de febrero de 1982 cayó un rayo en el faro que destrozó los cristales de la linterna, el sistema de rotación y el reloj que estaba programado para los destellos del faro. Hizo falta que tres fareros tuvieran que pasar la noche, cronómetro en mano dando vueltas a la rotación para controlar los grupos de luces.

Muchos son los santanderinos que van allí simplemente a pasear. Si eres de los que visita Santander para hacer turismo, ten preparada la cámara de fotos, este rincón paisajista no tiene ningún desperdicio.

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