Una tarde de invierno en una ciudad lluviosa, con el termómetro por los suelos, el viento soplando y la humedad del cantábrico que cala en los huesos. A todos nos apetece una taza de chocolate caliente con churros que casualmente es la especialidad de la Chocolatería Aliva.

Fundada en 1961 se ha convertido a lo largo de los años en una chocolatería referente y muy reconocida en Santander, donde de las recetas más tradicionales y la exhaustiva selección de los ingredientes frescos y de alta calidad son una dulce tentación para nuestro paladar.

Es un local agradable muy céntrico con una decoración vintage muy bien cuidada, el estilo le da encanto a la chocolatería. Además del entorno y de los productos, creemos que es importante destacar el trato con el cliente que, en este caso, es excelente. La amabilidad, educación y trato recibidos son dignos de mención.

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